Marcela Miret (52) nació en Córdoba, pasó su infancia en Buenos Aires y ya siendo una adolescente se instaló en Mendoza (donde nacieron sus 6 hijos).Apasionada desde siempre por la fotografía, hasta el 17 de agosto del año pasado sus trabajos no habían salido de más que algún que otro encargue, de esos que se hacen “de onda”. Y con la cámara semiprofesional que había podido comprar, donde aplicaba toda su experiencia y pasión.

A las 17 de ese 17 de agosto del 2017 (“todo con 17”, acota y resalta la casualidad), la mujer estaba a unos pocos metros de La Rambla de Barcelona; con esa misma cámara semiprofesional en manos. “Estaba en el lugar justo y en el momento justo”, agrega, explicando así cómo su foto capturando los minutos posteriores al trágico atentado de aquella tarde catalana se convirtió en una de las primeras imágenes que recorrió el mundo para ilustrar el dolor y el terror. Y en tapa de medios de todo el mundo.

Junto a ella estaba el también fotógrafo David Armengou (catalán) -quien también tomó algunas fotografías-, y los dos fueron galardonados a comienzos de mayo con el premio Ortega y Gasset, otorgado por el diario español El País y uno de los más importantes del fotoperiodismo a nivel europeo y mundial.

“En el momento no pensé en nada ni vi nada en detalle, simplemente salí corriendo impulsivamente para la zona de la que venía la gente corriendo y diciendo ‘¡atentado, atentado!’.  Fue una mezcla de intuición e impulso. Y David salió corriendo conmigo. Incluso cuando tomé las fotos, fui impulsiva. Cuando llegué a mi departamento, les escribí a mis hijos para contarles que estaba bien y les mandé algunas de las fotos. Y uno de ellos me contó que mi foto estaba saliendo en todos lados. Recién cuando vi toda la repercusión me cayó la ficha, y todo ese rejunte de emociones hizo que me pusiera a llorar”, rememoró ya de vuelta en Mendoza Marcela a Los Andes.

El momento justo, el lugar justo

En mayo de 2017 -y según sus propias palabras-, Marcela Miret se fue a vivir a Barcelona “en busca de una nueva vida”. Así fue como llegó a tierras catalanas y conoció en persona al fotógrafo David Armengou, con quien ya se había contactado por las redes sociales.

“Salíamos a hacer fotos juntos, aprovechando que él sabía más del tema que yo. Y ese 17 de agosto acabábamos de terminar de hacer fotos en un hotel cuando vimos que venía mucha gente corriendo y asustada. Estábamos a unos metros de La Rambla, y yo fui para el lugar de donde venía la gente. En menos de un minuto estaba en el sitio”, reconstruye Marcela, reviviendo así también aquellos minutos.

Las postales en el lugar de donde habían salido corriendo aquellas primeras personas con que se cruzaron era desolador e, incluso, la camioneta guiada por el atacante que había comenzado a arrasar con todo a su paso hacía menos de 15 minutos estaba todavía en el lugar.

“Cuando llegamos había muchos cuerpos sin vida, y también heridos de menor gravedad. A los de mayor gravedad ya los habían atendido y trasladado. Dentro de todo, nos encontramos con un panorama bastante ordenado”, cuenta, y agrega que estaban a pocos metros del Mosaico Miró (obra de aquel artista).

“Mi primer trabajo como fotoperiodista lo hice en La Rambla”, reflexiona.

Fue David quien se encargó de distribuir las fotos y así llegó el contacto con la agencia EFE. Mandó 4 fotos de Marcela -entre las que se encontraba la elegida y que dio la vuelta al mundo- y 3 de él.

El después y el premio

Los días posteriores a la difusión de la imagen fuero movidos para los dos fotógrafos. “Hubo muchísima gente que se quiso contactar con nosotros. Querían que diéramos notas, pero para mí la importancia era la foto misma. Era una foto informativa, que mostraba todo. Y no era yo la importante. La protagonista era la foto, no me daba para hablar”, recuerda Miret, y acota que muchas veces volvió a ver la foto y lloraba al ver a un niño en el piso.

Incluso, recuerda Marcela, salió todo un debate ético y profesional sobre si era correcto mostrar esa foto o no. “Al principio me sentía indefensa, pero después me di cuenta de que la foto forma parte de la historia y muestra lo que deja un atentado. No nos detuvimos en el morbo, ni en la sangre. Es crudo, pero es dar una información. Y en lugar de darla con palabras, se da con una imagen”, reflexiona.

Mucho más cerca del atentado -temporalmente hablando-, Marcela y David presentaron 3 de sus fotos para el premio Rey de España. Sin embargo, no quedaron seleccionadas.

“La verdad es que no habíamos tenido en cuenta el premio Ortega y Gasset. Yo ya había vuelto a Mendoza y se contactaron con David, quien se encargó de toda la parte logística. Y cuando nos avisaron que habíamos ganado, viajé para allá”, sigue Marcela.

La premiación fue el 7 de mayo y -además del galardón les entregaron 15.000 euros y un cuadro artístico- en el evento conocieron y entablaron contacto con fotógrafos y referentes de todo el mundo.

Desde febrero Marcela Miret está en Mendoza y tiene pensado seguir viajando, aunque manteniendo a nuestra provincia como campamento base.

“Me gustaría dedicarme a la fotografía periodística o documental, me gusta la parte informativa. Ahora quiero hacer de la fotografía mi profesión”, sintetiza al cierre de la charla.

El atentado del 17A

Cerca de las 17 del 17 de agosto del año pasado, en el paseo de La Rambla (Barcelona), una furgoneta protagonizó un atropellamiento masivo. El vehículo recorrió 530 metros en la zona central del paseo, desde la calle Buen Suceso hasta el Mosaico Miró (frente al Mercado de la Boquería).

Horas después del episodio, el Estado Islámico reivindicó el atentado. En el ataque murieron 15 personas -entre ellos dos niños- y hubo 131 heridos, 5 de ellos en estado crítico (una turista alemana de 51 años falleció 10 días después por sus heridas, convirtiéndose en la víctima fatal 16)

El conductor -identificado como Younes Abouyaaqoub- escapó a pie, cruzó el mercado de la Boquería y caminó por toda Barcelona hasta la Zona Universitaria. A las 18:20 y mientras el ciudadano Pau Pérez Villán (35) estaba estacionando su vehículo, Younes le apuñaló. Pérez Villán murió desangrado en su coche, el mismo que utilizó Younes para salir de Barcelona.

OPINÁ

Compartir