Su casa estaba en el centro de Amberes y era un hogar confortable y bendecido por el amor entre padres e hijos. Los sábados, Clara Serena iba a jugar con los caballos de su familia y a ver a sus abuelos, que vivían a 400 metros. En la casa de éstos, el lugar en el que había nacido, había incluso algo así como un cuarto de estar presidido por un retrato de la amadísima nieta a los seis años. Un retrato rápido, claro, un simple sketch venido a más, porque los niños de seis años posan mal; pero un retrato de Rubens al fin y al cabo.

Cuatro siglos después, el cuadro de Clara Serena, con su nariz ligeramente curvada de dentro hacia fuera y su expresión de confianza y calma familiar, también muy actual y reconfortante, está en el Museo del Prado, dentro de la selección de 76 bocetos de Rubens que se muestran hasta el 5 de agosto en MadridRubens, pintor de bocetos enseña el método del pintor flamenco, que fue el primero en intuir el valor expresivo de sus ensayos. Por eso, los ennobleció, les dio lienzo y óleo y encontró en ellos una segunda vida como artista. Menos perfecta, más espontánea, más intuitiva y también más moderna. Sus bocetos, de escenas domésticas como el retrato de Clara Serena, pero también de composiciones épicas o mitológicas como las de Tres ninfas con el cuerno de la abundancia, cambiaron el papel del artista en la historia del arte.

Abajo los convencionalismos

Todo el mundo se ha divertido alguna vez con el mismo juego: buscar en los cuadros de los grandes maestros presagios del arte moderno de los siglos XIX y XX. La conclusión, al final, siempre es la misma: allá donde el instinto de libertad se impuso a los convencionalismos, allá donde el arte histórico empezó a tomar el camino de la modernidad.

Algunos pintores alcanzaron esa libertad en su vejez, cuando ya todo les daba casi igual. Otros, como Rubens, lo hicieron gracias a esas carreteras secundarias que abrieron en sus mapas. Fue el caso de Rubens y, en parte, el de su casi contemporáneo Rembrandt, cuyos grabados también se pueden ver en la Fundación Lázaro Galdiano esta primavera.

Esta vez, parte del encanto consiste en descubrir la doble modernidad de Rubens: la audacia de su pincel y la contemporaneidad de su modo de vida, representado en el retrato de una cría feliz y confiada como en nuestros mejores sueños.

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