Para Cristina de Middel (Alicante, 1975), su profesión nunca ha dejado de ser un juego. Un divertido reto en el que lo único que importa es el disfrute. Ganar o perder es secundario. Pese a que durante largos años practicó la fotografía documental, las historias que ahora concibe tras el visor entremezclan verdad y ficción. Es su manera de no perder la ilusión. De mantener vivas las ganas de seguir jugando. “Cuando la realidad no es suficiente, no me importa cambiar los elementos hasta conseguir lo que necesito. Lo importante es la historia”, argumenta.

Esa libertad que ahora se permite en su trabajo es la misma que le ha dado PHotoEspaña, tras ser escogida para comisariar, junto al británico Martin Parr, la nueva exposición de la Fundación Telefónica. Bajo el título Players. Los fotógrafos de Magnum entran al juego, estos dos miembros de la famosa agencia han aunado sus esfuerzos para mostrar al espectador su cara más lúdica y desenfadada, de la mano de compañeros como Elliott Erwitt, Jim Goldberg, Bruce Davidson, Mark Stuart, Christopher Anderson, Susan Meiselas o Cristina García Rodero.

“No se trata de cuestionar, sino de ampliar el entendimiento que se tiene de la agencia“, explica De Middel. “Está considerada como el estandarte de la verdad desde su fundación, y éste es efectivamente uno de los aspectos más importantes de Magnum, pero aglutina muchísimos perfiles y muy diferentes. Hay muchos fotógrafos reconocidos como grandes documentalistas y que, además, han tenido momentos más relajados, en los que han coqueteado con otros lenguajes. Por eso queremos que la gente descubra esas otras facetas de la agencia”.

A través de 200 imágenes de 46 fotógrafos, los distintos usos y atribuciones de la palabra “players” se manifiestan de modos dispares, tanto en la acción que describe la imagen tomada, como en la propia intención del fotógrafo. Una postura que De Middel reconoce y demanda incluso “en quienes nos tomamos la fotografía muy en serio”. “No hay que perder de vista que lo que hacemos son fotos, esos papelitos que luego se imprimen. Es muy sano no perder este punto de vista. A veces, parece que tenemos que salvar el mundo con cada imagen, y acabas trabajando más para los demás que para ti mismo. Ahí corres el riesgo de olvidar por qué empezaste”, lamenta.

Por eso, se esfuerza cada día en no dejar escapar a la niña que sigue llevando dentro. En no renunciar a la ilusión y a la inocencia con las que empezó a disparar. “Yo hablo igual que hago fotos. Intento llevármelo todo al campo de la ironía. La vida, como la fotografía, hay que tomársela radicalmente con sentido del humor. Si no, la realidad es demasiado dura”.

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