¿Cómo es cantar al sexo después del Despacito?
Como ser humano, tengo diferentes momentos a lo largo del día: los hay sexuales, otros son sociales, de amor, de desamor, de rabia, de angustia… Lo que tenemos todos, todos los días.
Pero ahora está en plan cachondo.
En este momento me quiero divertir, disfrutar, que la gente goce y baile, y que la música que hago tenga un buen humor, muy en la fiesta. Y estoy aprovechando, también para recuperar, de alguna forma, ese folclore del Caribe colombiano que es, al final, la esencia de Pa dentro.
¿De qué goza usted?
Lo más importante es disfrutar de mi familia, de mis hijos, que son la alegría más grande que tengo. Pero hoy en día me subo a un escenario y gozo mucho más que antes, porque soy más consciente de lo que me gusta. Y porque me siento mejor músico, mejor guitarrista, mejor entertainer. Me quiero más. Quiero gozar la vida, hermano, lo máximo que pueda. Porque creo que en cualquier momento puede terminar.
¿Cómo contar lo que se ha contado millones de veces?
Para mí es más buscar el lado poético de lo erótico. Entiendo que en las nuevas generaciones del mundo de la música es todo muy directo, pero a mí me gusta darle una vuelta. Y más en un tema como éste, para que no suene fuerte o raro, sino más de ese lado tan bonito de la mujer, tan especial e importante para mí.
A la hora de hablar de sexo, ¿le condicionan los nuevos feminismos, con movimientos como el #MeToo?
Vivo rodeado de mujeres: mi esposa, mi madre, mis dos hijas… Para mí, la mujer es admiración y es inspiración. Lo que hago con la mujer es admirarla y respetarla, y estoy súper de acuerdo con este movimiento. Y me parece muy bien que reclamen respeto y su lugar en la sociedad. Por mi parte, nunca vendría con la intención de hacer algo que las ofendiera, ni mucho menos.
¿Conoce la mujer al hombre?
No lo sé. Pero al final todos tenemos la parte masculina y femenina, porque todos venimos de ahí y la naturaleza es ésa: somos el resultado, tanto la mujer como el hombre, de la mezcla de la mujer y el hombre. Humanos muy parecidos, en resumen.
¿Qué ha pasado, entonces?
La sociedad, la cultura y las costumbres son las que han ido separando tanto al hombre de la mujer. Pero mira que lo que va pasando es que se están emparejando de nuevo. Ellas están diciendo: un momentito, esto no es solamente de los hombres y nosotras también tenemos derechos. Faltan muchos años para que llegue el equilibrio, pero llegará. Hay cosas para las que los hombres son mejores y hay otras para las que las mujeres son mejores. Por eso ellas son las que nos tienen a todos nueve meses en su vientre y nosotros no.
¿Mató el porno al erotismo?
Ese misticismo que había antes ya prácticamente no existe. Entre las redes sociales y la pornografía, el acceso a la información es muy brutal. Lo mejor es tener la oportunidad de tener una relación lo más sana posible en todos los terrenos. Pero sin dejarte alimentar por las cosas que vienen de fuera y que son basura.
¿Qué le parece la imagen que ofrece de su ciudad la serie Narcos?
Para nosotros es un estigma muy fuerte que sigue viviendo 30 años después. Y es justo por este tipo de series que salen, que hacen que la gente tenga ese imaginario de ese Medellín de los 80, como si todavía existiera. Y la verdad es que la ciudad y, en general, el país han evolucionado muchísimo.
¿Qué hace usted con la soledad?
Es supercuriosa la pregunta porque tengo muchos momentos para la soledad. De hecho, los busco. Porque ahí es donde encuentro la oportunidad para poder crear. Le dedico mucho tiempo a mi familia, obviamente, y, cuando estoy de gira, a mi trabajo y mis fans. Pero también tengo mucho tiempo en que estoy solo. No todo brilla. Ese equilibrio me resulta superbueno, porque me protege mucho mirar hacia mí, leer, educarme, escribir, practicar mi canto… Ha habido momentos donde ese balance ha oscilado demasiado hacia la gente y poco hacia mí. Y es cuando me he sentido incómodo.
¿Y con la vanidad?
Los años me van aplacando. Soy una persona vanidosa, como cualquier otra: me quiero ver bien, sentirme bien, vestir bien, hago ejercicio por placer, pero también entiendo que todo cambia. Y que también es chévere que te vean el lado natural como tú eres. Creo que la vanidad se va volviendo más intelectual que física a medida que el tiempo pasa.
¿Es la política un territorio tóxico para los músicos?
Desafortunadamente es así: la política es algo que siempre divide a la gente. No importa cómo lo hagas, pero siempre llegas a una línea muy delgada donde terminas perdiendo. Porque la política es así: tiene que dividir a la gente en maneras de pensar. Y me parece absurdo. En general estoy… No quiero decir la palabra «decepcionado», pero cada vez me creo menos eso. Al final, el futuro de un país o de una sociedad ha de depender más de la actitud de los ciudadanos y de la manera en que uno quiera enfrentarse a las cosas. Porque van a pasar los años y las promesas van a estar siempre ahí, campaña tras campaña. Pero es la voluntad política de la gente la que provoca el verdadero cambio.
¿A usted le ha servido para algo?
Es duro cuando un artista se mete en esa parte, porque siempre te castigan. Te quieren ubicar en algún lugar y, en mi caso personal, no pertenezco a ningún partido político, no me interesa. Me importa mucho lo que pasa en mi país y en el mundo, pero siempre más por el lado humano. Porque en cada país al que voy, es siempre la misma historia: cuando se está movido por diferencias ideológicas, ¿cómo vas a pretender que alguien piense como tú? Es imposible. El arte tiene que estar por encima de esas ideologías.

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