Hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XX no se empezó a reconocer en España la valía universal de esta mujer, las colosales dimensiones de su figura. En 1981 se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias, y en 1988 el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispanas.

María Zambrano, una ética del conocimiento. En 1931 era auxiliar de Zubiri y en la guerra se unió a la Alianza de Intelectuales en defensa de la República. El Alzamiento fascista supuso, como para tantos otros, un corte en su vida, pero no cambió la línea de sus ideas. Antes de la incivil guerra del 36 María Zambrano ya había conquistado una notoria autoridad intelectual. Se opuso a la estimación democrática sobre José Antonio Primo de Rivera, en el que había advertido muy pronto indicios y fundamentos fascistas. Hubo un intento de aproximación entre Ortega y el hijo del dictador, que ella abortó con absoluta decisión incontestable. No se conocen, al menos no yo, reacciones ante el fusilamiento del fundador de la Falange con el que Indalecio Prieto estaba convencido de poder llegar a un acuerdo.

María Zambrano da la sensación de que los desasosiegos de la vida cotidiana no la afectasen. Y sin embargo toda su vida estuvo sujeta a ellos, a la enfermedad de su hermana y de su madre, a su propia mala salud, a las penurias, a los amores insatisfactorios, como el de su marido Alfonso Rodríguez Aldave. Grandes amistades como Lezama Lima, por ejemplo. Sobrevuela el exilio sin las envidias y rencores guerracivilistas de comunistas y socialistas. Es la España de la diáspora, pero es sobre todo la España de María Zambrano.

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