Para Isabel Muñoz (Barcelona, 1951), cada cuerpo es un libro en el que se concentran mil y una historias. Un compendio de episodios que, en forma de arrugas, tatuajes, piercings o dilataciones, invita a ser leído con calma y en silencio y, si es preciso, ayudándose de los dedos. Por eso, la Premio Nacional de Fotografía 2016 no esquiva ni rehúye los planos cortos. Es su manera de recrearse en cada gesto, en cada mirada. De recorrer cada centímetro de piel con los ojos de quién todo se lo cuestiona.Compuesta por un centenar de imágenes en formato extragrande y varias instalaciones audiovisuales, la muestra La antropología de los sentimientos reúne hasta el 17 de junio en Tabacalera las series fotográficas más representativas de su trayectoria, sin por ello ser estrictamente una retrospectiva. Sus protagonistas aquí dan un paso al frente. Ya no son modelos, sino un extracto de esa gran y heterogénea representación del cuerpo humano que Muñoz persigue allá donde va. Una suerte de obsesión que, a ojos del espectador, adopta la apariencia de un mosaico en el que se intercalan teselas de todos los sexos, culturas, razas y generaciones.

Fotografía de la serie ‘Locura’, I.M. (2016).
Un secreto compartido”Su obra, alimentada por una fuerza instintiva, está hecha a imagen de ella, es compleja y escurridiza. Ve sus personajes al revés; su condición no determina lo que vemos. Accede y nos hace acceder a aspectos que el propio tema esconde”, asegura Audrey Hoareau, comisaria de la muestra. “Si la estética de sus imágenes se impone frente a nosotros, no es para complacer el narcisismo de la especie, sino para ofrecer la comprensión íntima de un secreto compartido”, opina el también comisario François Cheval.Durante los tres años que ambos pasaron trabajando en el montaje de la exposición, Muñoz les introdujo de lleno en su imaginario y en su estudio, situado en el madrileño barrio de Pacífico. Entre esas paredes fue donde comprendieron que, en su particular método de abordar el estudio de los seres humanos, la piel había dejado de ser un obstáculo. Y que la belleza más auténtica a menudo habita al margen de los cánones más socorridos.

Serie ‘Metamorfosis’, I.M. (2016).
Así, en un viaje visual y sensorial que arranca en los orígenes de la humanidad, incide en la dimensión social de lo corporal y, finalmente, desemboca en la sexualidad y el deseo, la fotógrafa hace las veces de guía y antropóloga, tratando de responder desde ambas facetas las preguntas que se plantea desde el primer día que se colgó la cámara. Por eso, centra su objetivo en esa parte tribal que nos habita. La misma que nos vincula y, de manera simultánea, nos diferencia de las demás especies.Tal y como la propia Muñoz dijo en cierta ocasión, “como narradora de historias que soy, intento transmitir la verdad de las personas, su vida, su sufrimiento y su belleza. Les doy voz. La verdad en fotografía tiene que ver con la confianza y el respeto, y cuando consigo eso soy capaz de explicar la historia que hay tras esa persona, como testimonio de su pasado, presente y futuro”.

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