La suba de 300 puntos básico en la tasa de política monetariaque -fuera de agenda- se anunció el viernes, más los casi 5.000 millones de dólares de las reservas que vendió en la última semana de abril y el arranque de mayo, no le alcanzaron por ahora al Banco Central para evitar una sensible devaluación del peso contra el dólar. El miércoles la moneda estadounidense volvió a saltar hasta llegar a $ 21,52 en el mercado minorista y a $ 21,18 en el mayorista. Subió 5% en la semana.
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El movimiento brusco de una variable tan sensible como el tipo de cambio altera los nervios de los inversores, del público en general y -aunque lo nieguen- del propio Gobierno, que lo último que desea es que en medio de la ardua pelea por bajar la inflación, el precio del dólar ocupe grandes espacios en los medios de comunicación y en la conversación pública. Menos cuando la oposición logró instalarle la discusión tarifaria en el debate parlamentario.

En la disparada del miércoles se mezclaron factores locales y externos. De los locales, el nerviosismo que parece haberse instalado entre los operadores, referido a la evolución del tipo de cambio. Por una lado saben que al mercado local se le está haciendo cuesta arriba abastecer con dólares la demanda de divisas, y los que están invertidos en pesos parecen empezar a optar por un resguardo más seguro.

Ocurre que los inversores ponen en un platillo de la balanza la posibilidad de comprar Lebacs al 31% anual. En el otro, pasarse directamente a dólares. Como se sabe, mientras el dólar no daba señales de levantar vuelo, las Lebacs fueron una opción muy rentable. Pero hoy ya no está asegurada esa mínima quietud del tipo de cambio. Y los inversores ven como más posible que el dólar podría revaluarse frente al peso a una tasa mayor a la que ofrecen las Lebacs.

En medio de esas dos alternativas se mueve el Banco Central, con su coctel de tasas e intervenciones. Pero el problema es que además, el organismo monetario debe lidiar con factores que no puede manejar, como es lo que ocurre en los mercados globales, donde toda la atención está puesta en Estados Unidos.Puntualmente en la política de tasas de interés de la Reserva Federal; en la tasa que rinden los bonos a 10 años del Tesoro estadounidense y, como reflejo de esas dos variables, en la fortaleza del dólar frente al resto de las monedas de mundo.

Es que casi todas las monedas -especialmente las del mundo emergente- se están devaluando contra el dólar. Y el peso argentino es la moneda que más cayó en el año frente al dólar (12,5%) seguida por el rublo ruso (9%). Precisamente sobre esta ola mundial de depreciaciones, en el Central dejan trascender que allí no están dispuestos a “defender” un precio, sino que las intervenciones se realizan para atacar “movimientos fuera de lo normal”.

En ese sentido, las fuertes ventas de la semana pasada respondieron a la demanda puntual de inversores extranjeros que querían desprenderse de Lebacs para no quedar alcanzados por el impuesto a la renta financiera.

Este miércoles la intervención (ventas totales por US$ 504 millones) se dividió en dos partes: al arranque de la rueda el Central puso 250 millones para contener la suba empinada de los primeros minutos.

Esta fuerte suba en los minutos iniciales de la rueda , dijeron en el Central, obedeció a que el mercado local había estado cerrado dos días (lunes y martes), mientras en el mundo las monedas emergentes siguieron devaluándose. Sobre el final de las operaciones, cuando el dólar parecía tomar nuevo impulso y se acercó a $ 21,40 en el mayorista, apareció la segunda venta de 250 millones, para lograr un retroceso a $ 21,18.

Tras el cierre, un alivio externo. La Fed de los EE.UU. decidió dejar quieta la tasa de interés y, más importante, dejó saber que no veía una suba anual de la inflación por encima del 2%. Un dato, dijeron en el mercado, que tal vez traiga algo de calma a la rueda de hoy. A partir de las 10, se verá.

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